Apertura del cerco inconsciente (2020)
I
Cuadro
Mis sueños comienzan
antes de la noche
cuando la luna se asoma
como el ojo de un ángel.
Mezclo con los dedos
témpera azul y roja
para pintar la mano
de un mendigo
que se congela
y se hace enigma.
Genero el deseo
y lo busco como
un ladrón de billeteras.
Origen
La mancha de nacimiento
es un beso de otro mundo,
tengo una franja roja
detrás de la cabeza
quizá una señal
de que vengo
del infierno.
Lo intuyo,
como los murciélagos ciegos
saben que es de noche,
porque le rezo a la lechuza
que controla el bosque
y no a los santos.
Pienso
Un sueño sin concretar
es una deuda
que revisitamos
como una joya
cubierta de polvo
mientras la moda
disfraza los cuerpos
y los satélites vigilan
cuantas veces reímos.
Nos queda la libertad
de mirar por la hendija
los tesoros perdidos.
Paseo por el viejo
barrio
En donde estaba
mi antigua casa
hay un descampado
y del bosque de eucaliptus
no queda ni un árbol.
Una noche dormido
visité esos lugares
y giré la manija de una puerta
y junté hojas con las manos.
Soy lo que arranco
de este mundo.
II
Sed en la plaza
La enredadera cubre
el bebedero de cemento,
si giro la canilla
rompo la madreselva
que abraza su manivela.
Temeroso de arruinar
un encantamiento
retiro la mano
y empieza a llover.
Camino al retorno
Fue un acertijo
lo que encontré en el desierto
y me obligó a regresar.
Pero por donde pasó la llama
murieron las semillas.
La casa ya no existe,
no hay ni un ladrillo,
en su lugar
tan solo
un espantapájaros
con mi nombre.
Lunes
El árbol del ahorcado
se quiebra,
los autos aplastan
sus nueces caídas,
un mendigo levanta
la alcantarilla
y estoy durmiendo
en la oscuridad
con tu foto
entre las manos.
Puente
Un pájaro aterrizó
junto a la mandrágora
y cayó dormido.
Soñé con un barco
en medio del desierto
y la llegada
de un cardenal.
Encuentro con una
Hespéride
En dirección
a mi casa de cedros
y techos de begonias
camina una mujer desnuda
entre las espigas del campo
con una espada
de morganita y madreperla.
Llega al jardín
y sepulta a un gnomo
que robó sus manzanas
y sobre él pone un báculo
para que mis sueños
no crezcan en el olimpo.
Camina
La oruga de azúcar
se arrastra por el borde
del sombrero de ladrillos
y escribe con su baba:
El hechicero canta sin voz.
El otoño nunca se marcha.
La lluvia cae y disuelve su cuerpo.
Mística del aire
Los pegasos están en el cielo,
una hembra en el centro relincha
y nace el potrillo que vuela.
El primer viento de sus alas
me despierta del sueño.
Búsqueda
La niebla sobre el suelo
recorre el cráneo del unicornio
entre las plantas de amaranto.
Encuentro una flecha
con el dedo de un brujo,
disparo a la luna, la incendio
y un nuevo sol
me ilumina en secreto.
El día es gris
Estoy en el tren
junto a la ventana,
ningún pasajero
habla bajo la tormenta.
El agua recorre el vidrio
y quiere mezclar su lluvia
con mi sangre,
quizá el paisaje ajeno
se parezca al íntimo,
entonces soy un ciervo
que aplasta con las pezuñas
los hongos para arrancar
el brote de orégano,
porque extraigo de lo oculto
las palabras.
Un pájaro salva a
otro pájaro
Ni Sócrates ni Mandelstam
dejaron manuscritos,
es por Platón y Nadezhda
que los conocemos.
Cuando muere un colibrí
el zorzal lo atrapa en el aire,
lo lleva a la cima del olmo
y no permite
que se hunda en la tierra.
III
¿Cuánto puede recordar
un pájaro del árbol que deja?
Yo recuerdo tus ojos
reemplazando el sol
y me pudro en silencio.
¿El hombre busca en la mujer
una segunda madre
que lo lleve a la infancia
donde fue libre?
Yo busqué sentir tus heridas
como propias.
El pasado
explotó mis espejos,
¿cuántos deseos calla
un condenado a la horca?
En silencio aparté
cualquier cadena
que atrapara nuestros pies.
Los hombres quieren apresar
a la reina en el ámbar
para que vigile su soledad.
Yo preservé tus secretos
como quien guarda
un colibrí entre sus manos.
Palabras a la novia
antigua del lago Camet
¿En qué tiempo
tu rostro desplazó al mío?
Te recuerdo
en cada paisaje,
camino con cuidado
por el bosque silencioso
y si piso una flor
siento que rompo tu piel.
Escribo para no deformar
la perfección que hallamos.
Como juez del amor muerto
nos sueño
saliendo de un laberinto
con las manos unidas
pero hechos cadáver.
Quedan los botes
de cisne vacíos
dando vuelta por el canal
en donde hace años
navegamos contando estrellas
hasta dormirnos.
Da igual que un arponero
encuentre mi mano apretando
esta carta entre las vísceras
de un tiburón
o pegada
a mi cabeza con un clavo
cerca de la guillotina,
el pasado
es una tumba
abierta.














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