Trovador (2019)

 



 

Serie I

 


Fuera del sarcófago

 

Solo el vampiro

sabe que en su sangre

no hay vida

y por las noches

rasguña en la memoria

los días en que fue mortal,

es una estaca

que le abre el pecho

pero no daña,

porque el destierro

es una forma de nacer

con el recuerdo

de la vida anterior.

Bendito porque no muere

y se reza a sí mismo

sobre la tierra

que desprecian

los ángeles.


  

Espectro Rilke

 

Solo la hierba

entiende como yo

la energía

que prevalece

después de la muerte

y queda errante

en el pastizal.

Me meto

en el cuerpo de un grillo,

salto a la ventana

de una casa

busco un lápiz

y recuerdo

cuando escribía.

Quisiera hablar ahora

sobre mi estado

de temblor

que no deja rastro.

 

 

La noche urbana es desposeída

 

Las cajas de pizza

tiradas en la calle,

los postes de luz tapan la luna,

mañana los muros

absorberán la tarde

pero no el sol del sueño asiduo

en donde una mujer

camina hacia las bayas del prado

con un cuaderno

y me convida una botella de vino

que hizo con sus pies.

Ella dice:

Dame un beso,

absorbe mi aliento,

devuélvelo a la tierra.

Yo respondo:

Si, Mary Shelley.

  

 

La cabaña y una radio que suena

 

En el prado oculto

entre las montañas

mi brevedad

piensa tu brevedad

y dudo

si fuiste un hombre

o un cisne.

Le enseñaste

a hablar

a la madera

para que cante

y tus manos

se mueven

después

de muertas,

Johann

Sebastian

Bach.

 

 

Cabeza de Gardel

 

El tocadiscos

reproduce el pasado,

el humo del cigarro

levanta un cielo

y tu busto en un pilar

funda el templo

de la nostalgia.

En este café 

las cicatrices

se abren

pero no duelen,

mis lágrimas

se volvieron inteligentes

después de tantos años,

quizá una vida sin éxitos

sea más real,

allí en los suburbios difusos

del pensamiento

donde las cosas viejas

cobran valor

y la mirada sobre la leña seca

germina una margarita

al instante.

 

 

Serie II

 

Barco oxidado

 

Las olas no pueden cerrar

la escotilla del buque,

el mar lo hizo su joya

aunque carezca de manos.

Una bandera vieja

flamea en el mástil,

las sardinas la arrancan

y la hunden en lo profundo.

El timón gira sin parar

las sogas deshilachadas

se rompen y los fantasmas

aplauden en la nave.

 

  

Carne y transmisión

 

Un hombre se tira del helicóptero

y el paracaídas se rompe.

La electricidad de su cuerpo

descarga en la tierra

y despierta la semilla del clavel

que nacerá para su tumba.

  

 

Sellado

 

El mudo señala

lo que quiere.

Si no tiene lo que pide

llora y nadie lo escucha.

Es una piedra de ámbar

con una lengua dentro.

 

  

Eros y ego

 

La carnada flota en el mar,

el cardumen rodea la balsa en grupo

pero come sin tocar el anzuelo.

El pescador vuelve al otro día

con la misma libido

y regresa con hambre.

 

 

Oracúlo y música

 

En el cuerpo del violín

habita la napa que sorbió el árbol

y la savia que une

el interior del instrumento.

En esta imposibilidad

de volverse fósil,

la madera canta

el amor que concentra.

 

  

 

 

 

Serie III

 

 

Los movimientos de la noche

 

Mi día comienza

cuando el de los otros termina,

la cena es el desayuno

y la luna un atardecer.

Soy testigo de la rutina nocturna:

El vigilador pasa silbando

con su bicicleta

perdiéndose continuamente.

La gente

activa las alarmas

de sus vehículos.

Las persianas

del almacén caen,

la lengua del pájaro cae

porque nadie canta

en la oscuridad.

Aquí comienza

la vida secreta del mundo.

El cuerpo se comporta

diferente bajo la noche,

privado de ensoñación

hace que las cosas

se vuelvan sueño.

Levanto la taza de café del escritorio

y aparezco cerca de un pórtico

sentado frente a una casa,

un hombre sale y pregunta quién soy,

quienes son mis dueños

pero no puedo hablar,

me acusa de orinarle el jardín

y saca un palo,

le advierto con un ladrido

que ni se le ocurra

entonces lo muerdo

y corro como nunca antes

un San Bernardo corrió.

Bajo la taza de café,

escucho al camión de residuos

y saco la basura.

Cuando voy a cerrar la puerta

un señor con una escoba

me pregunta si vi a un perro

corriendo por el barrio.

 

  

El maquinista del fin del mundo

 

Lo oculto

 

Un armadillo cruza la vía.

Paro el tren,

me acerco y se hace bola.

Lo levanto,

es una piedra que sueña.

Enciendo un cigarrillo

y vuelvo a la máquina.

Después del recorrido

agarro un leño,

desbasto su corteza,

comienzo a tallar

y sale mi rostro

del interior de un árbol.

 

 

Túnel

 

Las vías oxidadas

se meten en una boca negra,

cada movimiento produce un eco:

fumo y se escucha un incendio,

pestañeo y suenan puertas,

canto y soy cien aves,

después llega la luz

y los murciélagos se retuercen

en el piso del vagón.

Piden volver

al sueño de la montaña.

 


Cruzando el límite 

 

El bosque tiene dueños,

los lobos aparecen

apenas piso una rama,

pero me conocen y no atacan,

los crié cuando su madre murió.

La mayoría me ignora

salvo Milka,

piensa que soy su padre

y me sigue.

La echaron de la manada,

vaga entre los árboles,

no sabe cazar,

se alimenta de frutos secos,

plantas e insectos.

A veces deja hongos

en la puerta  de mi casa,

me espía detrás de un ciprés

y cuando los tomo

mueve la cola.

Le grito ¡Hija!

y galopa hasta mí

porque soy su familia.

  

 

Leñador

 

Los cuervos ocuparon

la cabaña donde vivía.

La mayoría escapó

cuando entré

pero algunos se quedaron.

El polvo cubre

lo que no se mueve,

una  flor en un vaso,

una foto tuya

y mis ojos se marchitan.

Acaricio con el dedo

el agua que queda,

nada puede traerse

de los sueños

y solo creo en tu fantasma,

le rindo culto

porque soy un ignorante

que no asume la muerte,

no puedo escapar al instinto

de ver en las ruinas

algo sagrado.

 

 

Exigencias

 

Entro a casa,

escucho una serie de gritos:

¿Me rascás la panza

que estoy gordita y no llego?

Tráeme una mandarina,

sin cáscara por favor.

Papel también

porque hice pis y lo otro.

Abrázame

y dame un beso en la nariz.

Y yo hago todo

porque Rodolfa

es la mejor cobaya del mundo.

 

 

Gregorio

 

Salgo de casa,

trepo al paredón,

hablo con otro gato del barrio

y me siento en el techo,

el viento despeina mi pelaje y limpia

el polvo de las hojas secas.

En el jardín del vecino

el caracol que se arrastró ayer

hoy está bajo el fresno

junto a sus compañeros.

Mueven las antenas, hablan,

el árbol los llamó y a veces

me susurra también

para que cuide sus hongos

y ofrece a cambio

que duerma en su copa.

 

*

 

Las abejas

sobrevuelan mi cabeza naranja,

creen que soy de polen,

muevo las orejas hacia atrás

y ronroneo recuerdos.

 

 

Pedido a Gregorio

 

Quiero saber

cómo avanzaste

sobre la tristeza

de haber olvidado

a tus hermanos y madre.

¿El confort es requisito

para la autosuficiencia

por tu acto diario

de cruzar las patas,

apoyar la cabeza

y roncar en el sofá?

 

 

 *Gregorio es un gato naranja que vive en los techos y contempla la vida desde la altura.

 


Publicar un comentario

0 Comentarios